Primer evento social sin fumar: jueves noche, casita cultural.
Estrategias: comer una empanada, pensar en otra cosa (todo el tiempo, perder el hilo), tomar agua, mucha agua. Hacer fuerza para no sucumbir a la imperiosa "modalidad de siempre" del pucho en la boca o entre las manos. Solución de compromiso: un tabaco armado, y a dormir temprano.
Conclusión: la abstinencia es indomable, el mareo interrumpe, sube "la calor", y no hay estrategia que evite la dispersión.
Segundo evento social sin fumar: viernes noche, festejo de cumpleaños.
Estrategia I: elegir un objeto transicional pasible de ser incorporado a la modulación gestual, a la danza y a la solicitud oral. Objeto elegido: una botellita de agua a recargar cuantas veces sea necesario.
Estrategia II: liberar energía, toxinas, sudor, bailar mucho, bailar con todas las piezas del cuerpo con todas las ganas disponibles. Mientras, tomar mucha mucha mucha agua. (Ir al baño cuantas veces sea necesario)
Estrategia III: elegir sabiamente el momento para fumar un armado, compartirlo conmigo misma, a solas.
Conclusión: es posible no fumar durante el evento y hasta olvidar desearlo, pero para eso hay que bancarse la inquietud, el alboroto interno, y no dejar de moverse. Queridos, el camino al zen, para otra vida.
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